Atreverse

Me gusta escribir Democracia con su inicial en mayúscula, del mismo modo lo hago al empezar Libertad. Son los grandes marcos referenciales de mi ideario político, pero que no significarían nada sin sus descendientes; es decir, todos los actos democráticos y libres que realizamos las personas concretas en la vida comunitaria.

Esteban Goti

Y para eso se debe gozar de democracias y libertades habituales, en minúscula. Soy heredero ideológico de esta concepción liberal que quiso reivindicar mi admirado Joaquín Garrigues Walker.

Es verdad que estas democracias y libertades son costosas, y tal vez por eso, merecen la pena. Cuestan, porque no se reciben gratis, no se obtienen en ningún economato oficial, y son atractivas, porque hay que lucharlas. Sí, la vida de una persona convencida de que la Democracia y la Libertad son un cofre lleno de grandes tesoros, pero cotidianos y minúsculos, no es fácil. Hay que arriesgar prestigio, oportunidades y posición. Sin embargo, la opción de quedarse aterrado en un rincón oscuro para no ser visto, me parece terrible.

Desgraciadamente, la vida pública y privada tiene espacios de amargura, de opresión, de intolerable conveniencia, pero muchas veces "conveniente" si me permiten la repetición. Ganar puntos en las encuestas electorales, gozar de un público que aplaude nuestras razones en las redes sociales, y, en definitiva, mantenerse alejado de los ataques derivados de hablar con sinceridad, es algo cómodo, pero inaguantable. Yo no lo quiero para mí, ni para nadie. Sin embargo, todos los grupos de presión que moldean la opinión pública lo encuentran altamente interesante para todos los demás. Y es en este punto en donde la insoportable modorra a la que nos acostumbramos empieza a escocer.

Ciertamente, en el pasado, y concretamente en España, fueron los grupos de poder, vinculados a la "derecha" los que en el terreno de lo moral y lo político, marcaron sus normas. Además lo hicieron bajo el manto de una dictadura, y precisamente por esto, no son un ejemplo a imitar. Hoy en día, en Democracia, es la "izquierda" la que, apoyándose también en sus particulares poderes fácticos, busca definir lo que se debe pensar y sentir. Cuando se está dentro de la burbuja todo adquiere significado, todo parece lógico; en cambio, la parte de la conciencia individual que aún no ha sido conquistada actúa como una brisa silenciosa que busca despertarnos de la siesta. Nos recuerda, contra las fuerzas que buscan acallar su voz, que hemos nacido para ser hombres y mujeres libres, soberanos de la vida política y conscientes propietarios de nuestra vida privada. Pero, hoy en día, hay quien quiere enajenarnos en esos derechos. Los que aún vivimos los retales del espíritu de la Transición, aunque sólo sea porque lo heredamos de nuestros padres, creímos que la izquierda era ese dulce paraíso en el que sólo podía encontrarse Libertad y toda clase de bondades. Y, si somos sinceros, en parte lo creíamos así, porque los postulados de la izquierda nos parecían tan atractivos que minimizábamos el hecho de que hubiese quien se oponía a ellos, casi obviábamos su existencia, y no veíamos nada malo en negar su realidad.

Con todo, hay algo que, a algunos, nos venció, nos desarmó, con placer y sin él, con dolor e incertidumbre. Parte de quienes buscábamos Libertad y libertades, así

como Democracia y democracias, en la llamada izquierda, nos dimos cuenta de que

nuestra ilusión era, en realidad, imposición. Nos resistíamos al principio a creerlo, y nos consolábamos a incluir para nosotros el adjetivo "demócrata" para así ser buenos izquierdistas. Toda vez que la Libertad nos despertó, la "izquierda" aparecía ante nuestros ojos con otro rostro; el de la pretendida autoridad incuestionable. Lo que buscábamos no estaba allí. Así se ha demostrado en los últimos tiempos. ¿Quién tiene valor para oponerse a los temas tabú que la "izquierda" ha preconizado? ¿Quién tiene el arrojo, sin ir más lejos, de dudar de la exactitud y verdad de esos tabúes, de esos temas reiterativos?

Sí, podemos responder pronto: "yo no" "yo no me atrevo". Pero, ¡acaso es esto algo que case con la Libertad y sus libertades, con la Democracia y sus democracias! No, claro que no. Hay que atreverse, de lo contrario, las hijas minúsculas de Libertad y Democracia desaparecerán, y sólo nos quedaremos con el marco referencial, con la piel de la fruta, pero sin su carne y sin su agua. Si, quienes estamos convencidos de las bondades de la convivencia democrática y libre, no acometemos el objetivo de garantizar que podamos poner en cuestión los planteamientos vendidos como inamovibles, lo harán quienes no dan importancia a dicha convivencia, y nos llevarán por delante con sus populismos y bravuconerías. Y, citemos algunos ejemplos de atrevimientos pendientes de ser normalizados en España: no hay que temer ni censurar la defensa del proyecto colectivo llamado España; no hay que oprimir ni minusvalorar a quienes defienden el derecho a la vida, desde el comienzo del embarazo y hasta el final de nuestros días. No debemos acusar de sexistas a quienes civilizada y racionalmente discuten una perspectiva de género que, por medio de sus gestores, ansía ser irrebatible. No debemos usar las descalificaciones sólo cuando entendemos que el balcón político desde el que las lanzamos está mejor visto que el de otros. No debemos dar el salto de erigirnos en acosadores de las y los jueces que dictan sentencias, conforme a Derecho, pero que no encajan con las ideologías que quieren imponerse en la conciencia colectiva, desde cualquier campo de opinión. No nos es lícito elaborar leyes para acallar la opinión contraria, salvo que se proponga alimentar la violencia. Y, finalmente, que cada cual añada libremente a estas situaciones lo que le parezca justo. Es una invitación sincera, porque creo en las democracias y las libertades cotidianas. Las de quienes están totalmente a favor o sólo un poco, y las de quienes están relativa o completamente en contra.

He mencionado sólo algunos temas que la "izquierda" actual y sus grupos de opinión desean patrimonializar en régimen de ausencia de crítica. Insisto en que en la historia de nuestro país lo ha hecho la "derecha" igualmente, y de conseguir extender su influencia, desearían el mismo vicio. Pero es esta izquierda la que ahora está protagonizándolo. Por el contrario, ya estemos de acuerdo o en desacuerdo con las opiniones que hay en la vida comunitaria, lo que es indispensable es admitir la diversidad de juicios, los matices, las ideas opuestas, las dudas, sin criminalizar a nadie, sin poner en duda su calidad humana, sin fusilar a ninguna persona en la prensa amarilla y amarillenta que coloca a diario letras escarlatas sin ninguna prudencia.

Si logramos revertir la situación, entonces habrá lugar para la Democracia y las democracias; la Libertad y las libertades. Hay que atreverse a ser libres, es una dura conquista, preciosa.

Esteban Goti Bueno. Historiador