'Drácula x Drácula' reinterpreta en el CAC la figura del helado inspirado por el mito

Exposición compuesta por 61 obras, entre pinturas, fotografías, esculturas y dibujos, de 56 artistas diferentes en las que cada uno de los creadores presenta una reinterpretación del personaje y el helado.

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Es también un proyecto curatorial de Laboratorio de las Artes (Iván de la Torre Amerighi y Juan Ramón Rodríguez-Mateo) sobre un trabajo de intercambio artístico de Juan Miguel Quiñones, según han explicado este jueves la directora general del Área de Cultura, Susana Martín; el comisario de la muestra, Iván de la Torre Amerighi; y la directora artística en funciones del CAC, Helena Juncosa

"Drácula x Drácula" es una interpretación libre de la obra "Drácula", una escultura de tamaño natural realizada enteramente en mármol, muy representativa en la producción de Juan Miguel Quiñones, que hace referencia al personaje literario y al mítico helado de idéntico nombre, desarrollado en 1977 por Juan Viñallonga y el equipo de innovación y marketing de Frigo. La obra de Quiñones ha ido creciendo en muy pocos años hasta transformarse en uno de los referentes de la nueva escultura española.

LA OBRA DE QUIÑONES

La escultura representa el único cauce de comunicación posible para Juan Miguel Quiñones. Iniciado en la restauración, de manera autodidacta comenzó a desarrollar sus propias obras en mármol, piezas que cuentan con un carácter único por los diferentes procesos técnicos que desarrolla hasta completarlas.

El trabajo de Quiñones reflexiona sobre la memoria y los recuerdos que condicionan determinados objetos que han formado parte de nuestra vida en la infancia, la adolescencia o la edad adulta. Esos objetos que definen sus obras pertenecen a la década de los 70 y 80 cuando comenzaba a desarrollarse en España una verdadera sociedad de consumo. Objetos materiales que permiten al espectador establecer una mirada crítica hacia una memoria compartida selectivamente.

En sus obras se recrea una estética cercana al neo pop, que es fusionada con los parámetros presentes en el arte urbano actual. El lenguaje que emplea el artista es co por una generación consumista en la que priman las marcas, las modas y la tecnología.

LOS ARTISTAS DE "DRÁCULA X DRÁCULA"

El proyecto "Drácula x Drácula" surge tras un encuentro entre Juan Miguel Quiñones y Santiago Ydáñez, precisamente en el marco de una exposición con obras de la colección del CAC Málaga.

Es entonces cuando el primero decide intercambiar con distintos artistas nacionales e internacionales una de sus obras más emblemáticas, la reinterpretación en mármol del Drácula, el mítico helado desarrollado en 1977 por Juan Viñallonga y el equipo de innovación y marketing de Frigo, que continuaría desarrollando iconos helados (Frigo-dedo (1980), Frigo-pie (1983), Calippo (1984), Twister (1986)), para varias generaciones de españoles.

Pintores, escultores, artistas urbanos y creadores multidisciplinares, reconocidos o emergentes, inicialmente sin nexos estilísticos en común, conforman un conjunto que representa una muestra fehaciente de los distintos lenguajes estéticos que se superponen e interactúan en la plástica andaluza, nacional e internacional más actual y reciente.

El proyecto y la muestra que de ella nace ejemplifica la evolución de un mecanismo común y habitual entre los artistas contemporáneos: el intercambio de obras.

Mediante las estrategias de la apropiación, la subversión y la reinterpretación los artistas toman como referencia bien al legendario personaje literario, bien al icónico helado, bien al homenaje que le dedica Quiñones en sus esculturas de mármol, para conformar una colección de arte sugerente inspirada en este icono.

La selección realizada por los comisarios, que combina las tipologías de exposición colectiva e individual a la vez, representa sólo una parte de la colección generada por el proyecto Drácula x Drácula, una propuesta dinámica y en constante evolución.

Es posible vislumbrar la voluntad por adaptar una representación mimética, que poco a poco va deslizándose hacia una interpretación libre y una multiplicación del icono del helado en las obras de Santiago Ydáñez, Ana Sánchez, Mar Muñiz o María Egea.

Otro grupo de autores sintetizan en una misma obra el icono helado y el personaje literario de forma directa y objetiva a través de sus signos parlantes (cromatismo, forma, rasgos simbólicos) y los hacen convivir en un mismo escenario. Son los casos de Adela Aguilera, Cristina Lama, Luis Pérez Calvo, Mina Hamada, María José Gallardo o Ismael Pinteño.

Para Manuel León, Edy Linares o Frank Westermann, la propuesta les permite indagar en la sutil frontera existente entre placer y pecado, con ciertos guiños hacia la iconografía religiosa o la simbología sexual.

Abordar la creatividad y la realidad sin complejos desde una óptica desdramatizada, incluso con una mirada lúdica no exenta de ironía en los tiempo actuales. Así lo entienden, entre el humor, la crítica sarcástica o la estrategia del juego, Ana Barriga, Flávia Junqueira, Alejandro Botubol, Javier Aldarias, Gloria Lomas, Chema Lumbreras, José Medina Galeote, Javier Calleja o Matías Sánchez.

Otro grupo de artistas oscilan entre la abstracción conceptual y la deconstrucción morfo-cromática, entre los que se encuentran Fernando Clemente, Pedro Peña, Ismael Lagares o Jugo Kurihara, han abundado en una reducción de los esquemas formales y mínimos comunes denominadores cromáticos que comparten ambos dráculas, el tangible y el intangible.

No podía faltar el género del retrato, pero un género transformado por la visión contemporánea de este medio expresivo. Algunos artistas como Jesús Chacón retrata a Quiñones, otros como José Carlos Naranjo se centran en la gestualidad del personaje afianzada por la cinematografía.

Zosen y Violeta Gill recomponen al personaje según pautas subversivas mientras Miguel Scheroff delinea un retrato de una generación perdida y Juan Ángel González de la Calle demuestra que un no-retrato puede ser un retrato.

El paisaje se cuela entre los intereses y estrategias de diversos autores. Ana de Alvear recoge un pasaje de la historia reciente del Drácula de Quiñones, Óscar Seco y Dionisio González crean conjuntos totémicos y monumentales, irreales. Jorge Hernández y Sebastián Navas interpretan un paisaje desde las antípodas, desde el hedonismo a la ensoñación más oscura.

El bodegón, entendido como naturaleza muerta, resucita en sus modos más actuales de la mano de Miki Leal, Mª Ángeles Díaz Barbado y Juan Zamora. Por su parte, José Ríos y José Luis Serzo, desde lo contextual o lo cinematográfica, utilizan estrategias apropiacionistas, vampirizando otras obras para transformarlas en material para las suyas. La conciencia, ya sea medioambiental, social o vivencial, condiciona y orienta las miradas de Aixa Portero, Amador y Adriana Torres.

Lo críptico, lo extraño, lo inexplicable anima las realizaciones de Manolo Bautista, Simón Zabell, Rafael Alvarado o Daniel Sueiras. Finalmente por su singularidad y por ser opuestos a cualquier encasillamiento destacan algunas obras singulares como las de Javier Parrilla, Avelino Sala, el grupo Aggtelek, Santiago Picatoste y Román Lokati.