Preguntas ineludibles

Hay veces que toca escribir con determinación, porque las circunstancias lo exigen. Voy a hacer una declaración previa, para que nadie pueda malinterpretarme o simular que se me malinterpreta: soy un opositor absoluto de las ideologías totalitarias y populistas, de los extremismos, y de todo autoritarismo.

Esteban Goti

Y dicho esto, si criticamos a los populismos y a los partidos radicales, ¿qué tenemos los demás, que nos haga estar tan orgullosos de nosotros mismos?, ¿qué nos hace estar tan ufanos de la forma en que nos conducimos en política? Supongo que al igual que yo, habrán asistido alguna vez a algún mitin o presentación partidista. Si no lo han hecho, tampoco se pierden nada. Pues bien, cualquier reunión de este tipo, es el retrato perfecto de una de las explicaciones del ascenso de partidos que desafían nuestra democracia, a izquierda y derecha. En los mítines abundan los mensajes vacíos, los aplausos de regidor televisivo, la repetición insoportable de frases hechas, entre otras cosas. Todo esto sucede en los mítines de los partidos políticos clásicos; por eso mismo están teniendo tanto éxito los partidos de "rompe y rasga". En éstos, no hay miedo de ser claros en sus ideas, no hay prudencia alguna. Y no es que sea una virtud la pérdida del cuidado, pero sí lo sería que los mensajes de los partidos tradicionales tuviesen contenido. A todo ello hay que añadir su pesado pragmatismo. No, señores, no dudo de que haya una parte de la población que no busca más allá de lo que tenemos, pero existe también un sector de la sociedad que quiere ilusión, que quiere ideología, que quiere combate limpio, que quiere honestidad, que quiere programa, que quiere anuncio de medidas concretas. Y si, desgraciadamente, los partidos veteranos no son vehículo de todas esas aspiraciones, esa misma porción social que las abriga en su interior, las va a ir a buscar en el peor de los sitios: el extremismo.

Cualquier partido político, no radical, debería hacerse determinadas preguntas que considero ineludibles, porque, de lo contrario, si pensamos que esos interrogantes pueden ir al desván, veremos que la necesidad del individuo de sentirse ilusionado y con convicciones, se va a dar cita con los partidos que le abren la puerta al radicalismo, al odio y a la miseria moral y económica. Así, por tanto, las preguntas que deben hacerse los partidos que aspiran a cualquier gobierno, con espíritu democrático y civilizado- no me canso de emplear este término-, son estas:

¿Cómo podrían convencer a una persona cualquiera, con su cotidianeidad, de que nuestro Estado Democrático y Social de Derecho es deseable? ¿Por qué la juventud debería tomar el legado de la Transición que labraron sus mayores? ¿Cuánto tiempo creen que pueden esperar los problemas propios de la convivencia social y la Economía, para que los tomen en serio? ¿Por qué los defensores de una economía liberal, entre los que me encuentro, no se esfuerzan, por todos los medios, para que sea un modelo económico liberador? ¿Por qué la socialdemocracia española no prioriza sus proyectos socio-económicos, ante toda clase de planes humeantes y gaseosos? ¿Por qué no defienden con uñas y dientes la independencia del Poder Judicial? ¿Por qué utilizan las causas sociales como arma electoral? ¿Por qué creen que adelantan algo pareciéndose a los que les quitan votos por los extremos derecha e izquierda? ¿Por qué no se comprometen los partidos nacionalistas, de una vez, con la legalidad constitucional, que es la que les reconoce su legitimidad de ser, actuar y gobernar? ¿Por qué no se comprometen con todo el país en el que viven y se desarrollan social y económicamente? ¿Por qué les mienten y les enredan a sus votantes con acrisoladas leyendas etnicistas

y futuros de independencia? Son sólo una pequeña muestra de las interpelaciones que podrían hacerse a nuestros partidos de mayor trayectoria. No crean que me quedo aquí, porque tengo también preguntas para los partidos que pretenden retar nuestra Democracia y la Constitución:

¿Por qué insisten en descalificar uno de los mejores hitos de nuestra historia, como es la Transición a la Democracia? ¿Por qué nos endosan etiquetas, de todo tipo, a quienes les llevamos la contraria? ¿Por qué creen que decir de alguien, que es de derechas, basta como acusación? ¿Por qué no se comprometen con una democracia que les ha permitido tener representación pública? ¿Por qué contextualizan tanto, a favor, a los mandatarios autoritarios, de "izquierda" y "derecha" que ha habido y hay en el mundo? (Pablo Iglesias reconoció el desastre de Venezuela). ¿Por qué insisten en hacer suyas las reivindicaciones sociales que pueden ser de todos? ¿Por qué creen que ser un buen español es diferenciarse de toda persona que sea moderada en política? ¿Por qué dicen que, ante el insulto de fascista, ello les viene como una medalla en el pecho? ¿Por qué no muestran cifras reales sobre la inmigración en España y la atención que recibe por medio de nuestros organismos oficiales? ¿Por qué no renuncian, ustedes, a modelos políticos y económicos que únicamente son el completo desastre?

Tomémonos nuestro tiempo, porque no serán rápidas las respuestas. Mientras tanto, confíen en la moderación, en las convicciones expresadas con paz. Tengan en cuenta que, cada uno de nosotros, como decía JFK, puede hacer algo por su país. Quizá, lo mejor en nuestra situación es aportar contenido, moralidad, y un obrar honesto.

 

Esteban Goti Bueno

Historiador