Gripe: la desconocida realidad de gestores y azares

Si los gobiernos fuesen como el virus de la gripe, la ciencia bastaría para mejorar el devenir de los pueblos. Desafortunadamente este deseo es una utopía. Los gobiernos no tienen cura, la gripe parece ser que sí, aunque constituye un problema de salud pública de primer orden cada año, ya que como epidemia estacional anual conlleva una importante tasa de hospitalizaciones y mortalidad, y por consiguiente una considerable demanda de recursos en salud.

Daniel J. Martínez Canca

En los casi 20 años de experiencia profesional en el área de la salud, siempre he tenido la duda de qué es más importante para ciertos estamentos o instituciones, ¿la salud o la rentabilidad? Y aún hoy sigo cambiando de respuesta a tenor de mis observaciones y testimonios. La gran paradoja.

Según los recientes datos ofrecidos por la Junta de Andalucía, en la segunda quincena de enero, se ha superado la tasa de casos de gripe más alta alcanzada el pasado año. Como dato alarmante, el incremento de urgencias hospitalarias ha superado el 25 por ciento en muchos centros sanitarios de Andalucía, alcanzando hasta un 48 por ciento de incremento a final de año. Sólo en Andalucía, esto conlleva la realización de un millón de pruebas diagnósticas y 30.000 cirugías, entre otras cifras impactantes como las 60.000 casos de asistencia extra hospitalaria o las casi 125.000 emergencias sanitarias realizadas por el 061. Es más, este año la gripe se ha adelantado a unas fechas que no se registraban desde hace diez años. ¿No es esto un misterio?

Destacaría el refuerzo de profesionales sanitarios ante esta situación, aunque todos sabemos bien que siempre es insuficiente.

Se pregunta una gran mayoría de profanos el por qué cada año más casos, por qué cada año hay nuevos tipos de gripe, por qué cada vez hay más hospitalizaciones y muertes, por qué en ocasiones la vacuna es ineficaz o causa la enfermedad, por qué países distintos muestran diferentes estadísticas.

En la investigación clínica, las autoridades sanitarias correspondientes, a través de ensayos clínicos (cuyos diseños no están exentos de un sesgo públicamente notable) arrojan unas estadísticas que son consideradas la evidencia clínica para la toma de decisiones. En este tablero de juego, la industria farmacéutica juega un papel esencial (con el justo reconocimiento de ser el principal jugador que dedica inversión a la investigación), pero no por ello olvidando de que es un negocio antes que cualquier otra cosa.

Una vez se analiza y se construye la estadística de lo que se quiere probar -porque sí, efectivamente la estadística es una herramienta moldeable-, como resultado de lo misma, se nos inculca que la medida de control más eficaz frente a la gripe es la vacunación anual de todos aquellos grupos de población denominados 'de alto riesgo', susceptibles de padecer complicaciones asociadas al virus, en ocasiones letales. Este argumento es suficiente para que, año tras año, un gran porcentaje de la población recurra a la vacunación, justificando un gasto sanitario y un engranaje clave de la gestión sanitaria española (esa que unos critican y otros aplauden tanto).

El caso es que como el sistema sanitario está gestionado a alto nivel por personas, y esas personas son políticos que simulan (en muchas ocasiones torpemente) ser gestores (basta con tirar de hemeroteca), como los políticos se deben a su propia causa y gremio, es fácil encontrarlos privatizando la sanidad pública para su beneficio e interés personal, permitiendo una interminable lista de atropellos en los que el ciudadano, el paciente, es la única víctima, donde la problemática del pueblo está incluida en sus discursos y mítines pero no en sus objetivos reales. A muchos de nosotros nos sobran los ejemplos observados durante años donde las asignaciones presupuestarias son lo primero y la finalidad de las mismas lo segundo.

Mientras tanto, la consigna es vacunémonos.

¿Sabe el lector que la vacuna de la gripe tiene una efectividad limitada y que ni mucho menos protege al 100%? La efectividad varía incluso de un año a otro porque aunque parezca poco creíble depende del acierto de una elección de varias cepas del virus gripal con las que se fabrica cada año. Este año es una trivalente (por lo que se compone de 3 cepas exclusivamente) más una tetravalente para pacientes más delicados (trasplantados e inmunodeprimidos, colectivo minoritario frente al resto de la población). ¿No es curioso que esta cepa adicional de la tetravalente sea la cepa más circulante este año y que por ello haya menor efectividad de la vacunación en la población general? (25% de efectividad frente al 60% de años anteriores)

Si la vigilancia de la gripe en España se sirve de la ayuda de diversos sistemas y fuentes de información, que supuestamente ofrecen una visión amplia del comportamiento de la enfermedad y de los virus gripales circulantes, este año nuestros gestores sanitarios, en el área de vigilancia virológica y epidemiológica de la enfermedad, no han detectado ni caracterizado con eficaz antelación el virus de la gripe circulante . Sin ser tan educado, diré que han sido ineficaces e ineficientes. ¿Por qué no investigamos como en Reino Unido? Allí se ha investigado incluso que la primera exposición de cada individuo al virus durante su infancia es determinante en años sucesivos (relacionaron, por ejemplo, que los casos de gripe de los nacidos en los años 60 han tenido un notable repunte este año frente a los anteriores)

Los políticos 'respiran tranquilos', porque más o menos conocen el 'control' al que está sujeto hoy por hoy el virus. El virus sólo tiene 5 géneros de los cuales el A, B y C producen gripe. Estos géneros se dividen en subtipos H y N. Con el paso del tiempo, el virus sufre pequeñas variaciones (mutaciones genéticas) que impiden que nuestro sistema inmunitario los reconozca. Este hecho conlleva a cambiar la composición de las vacunas anualmente pero obliga a apostar por la cepa mutada que vaya a circular entre la población. Gestión y azar, otra paradoja.

Quizá si el mundo fuese de otro modo, en un futuro podríamos tener acceso a una vacuna universal contra la gripe, una que previniese la infección de cualquier mutación del virus y que nos brindase protección durante años. Pero hasta que llegue ese día, debemos defendernos (ya no sé bien si del virus o de los gobiernos y gestores de los mismos) protegiéndonos y vacunándonos cada año si somos parte de la población de riesgo, reduciendo así un negocio silencioso, una mortalidad políticamente excusable y una paradójica selección natural frente a la superpoblación mundial o frente a la ineficacia apabullante de los gestores que hemos elegido o nos han impuesto.

Facta non verba.

Daniel J. Martínez Canca.

Reivindico la poesía en los tiempos

de la usurpación del pensamiento.

Exijo la lírica como antídoto para

las cadenas que pretenden imponer

a nuestro espíritu dormido.